LA HISTORIA DEL PEQUEÑO PUMBA



Esta historia comienza en un criadero de psitácidas en Barcelona. La principal especie que criábamos, eran los Yacos o Loros grises africanos. Una pareja de yacos había tenido muchas nidadas seguidas, pero no nos dábamos cuenta de que necesitaban descansar.

Un día vimos que la hembra estaba muy triste, muy agotada, resumiendo medio muerta... la llevamos al veterinario y este nos dijo que no le pasaba nada, que le diéramos unas vitaminas que pronto se pondría bien. Yo al llegar a casa no contenta con esto me puse a examinarla, me di cuenta de que tenía un huevo atascado, que no conseguía poner. Probé todos los métodos posib les para intentar sacárselo hasta que con un poquito de aceite de oliva y masajeándola lo conseguí

La hembra empezó a recuperarse poco a poco, pero ya no puso más huevos de esa nidada, les dejé el huevo en el nido y al cabo de menos de un día nos dimos cuenta de que la hembra no se quería hacer cargo del huevito. Nos preocupamos por el pobre pollito que había dentro y decidimos meterlo a la incubadora que teníamos sin estrenar... Al cabo de más de un mes ni aún había salido el pollito, pero justo 1 horita antes de deshacernos del huevo vimos que se movía y decidimos dejarlo, cuando salió el pollito, yo estaba muy emocionada porque gracias a nosotros había nacido una nueva vida, un nuevo loro, un nuevo ser al que achuchar. Era una cosa diminuta y muy rosita que no hacia más que pedir comida, En cuanto vimos que estaba vivo le preparamos la papilla y se la dimos, comió muy bien.

Poco a poco fueron pasando los días y decidimos que se llamaría Pumba, pero la alegría no nos duró mucho veíamos que el pollito no crecía y si lo hacia era muy despacio, con 1 mesecito tenía el mismo tamaño que un pollito de otra nidada de 2 semanas, comía bien pero no crecía. Lo llevamos al veterinario y nos dijo que el no le veía nada malo que solo estaba un poquito retrasado respecto a los demás. Decidimos que este pequeñín no seria apto para la venta al público y nos lo quedaríamos nosotros.

Pumba de una semana a otra se hizo un poquito mayor, no como es lo normal pero algo, era un cielo se dejaba hacer de todo, poco a poco fue dejando la papilla hasta que tenia una dieta saludable y variada. Convencidos de que no se escaparía lo sacamos a la terraza, de repente hecho ha volar por toda la finca, se dirigió hacia donde estaban las voladeras de las parejas reproductoras, se posó sobre una de los yacos y fuimos corriendo hacía allí.

Estaba cantando tan feliz, lo más sorprendente es que estaba justo en la voladera de sus papás, enganchadito a la tela metálica , su mamá lo miraba con cara de extraña por su escaso tamaño, hasta que fue hacia él y le dio un poquito de comer la comida que ella tenía guardada en el buche. En es momento comprendimos que el vínculo madre-hijo no es lo que vemos si no lo que tenemos en el corazón y la sangre que corre por nuestras venas, que aunque el pollito no había visto a su madre en la vida y viceversa se reconocieron y aquí se demuestra los sentimientos que puede llegar a tener un animal por mucho que niegue la gente...

Escrito por: Mamen Jiménez Madrid





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